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La Guerra contra las Drogas:

Es tiempo de Calcular los Costos

La guerra contra las drogas crea costos masivos, que resultan del enfoque impulsado por la aplicación de la ley, que entrega el control del negocio de las drogas al crimen organizado.

Es la hora de calcular estos costos y de explorar alternativas, recurriendo a la mejor evidencia disponible, para lograr un mundo más seguro, más saludable y más justo.

La corrupción y la violencia que acompañan a la producción y el tráfico de drogas ilícitas están alimentando activamente el conflicto, y socavando el desarrollo y la seguridad en algunos de los países y regiones más vulnerables del mundo.

En lugar de proteger la salud pública, la guerra contra las drogas ha hecho lo opuesto, desviando recursos correspondientes a intervenciones de eficacia demostrada en salud pública, estimulando conductas y espacios de consumo de alto riesgo, y promoviendo la difusión de enfermedades de transmisión sanguínea entre quienes se inyectan estas sustancias.

Las acciones antidrogas han llevado a una criminalización y encarcelamiento masivos; a la detención arbitraria, tortura y maltrato de consumidores de drogas, detenidos y presos; al uso ilegal de la pena de muerte y asesinatos selectivos/extrajudiciales; y a la negación de servicios de salud básicos.

Los impactos negativos de la guerra contra las drogas recaen de manera desproporcionada sobre las poblaciones más vulnerables, excluidas y marginalizadas, incluyendo a niños y jóvenes, minorías étnicas e indígenas, mujeres, y las poblaciones económicamente desfavorecidas de consumidores de drogas y las personas que cultivan estas sustancias.

El tráfico de drogas mueve US$ 300 mil millones al año, alimentando la delincuencia a todo nivel, desde la violentos cárteles dedicados a la producción internacional de drogas y las redes del crimen organizado que controlan el tráfico, hasta la delincuencia que proviene de las bandas criminales, el comercio callejero en las ciudades, y los delitos que cometen los consumidores dependientes.

La producción de cultivos de drogas ilícitas está causando deforestación y contaminación en algunos de los ecosistemas más frágiles y biodiversos del mundo, situación que empeora debido al uso agresivo de herbicidas tóxicos en acciones de erradicación aérea.

Mientras el mundo atraviesa por grandes dificultades financieras, cientos de miles de millones de dólares son desperdiciados en acciones para la aplicación de la ley que resultan ineficaces o abiertamente contraproducentes.